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miércoles, 22 de diciembre de 2010

¿SE ACABA EL AMOR?



Nos acercamos al final del año, un año que se acaba ¿el amor también se pasa como el año? ¿tiene una fecha de caducidad? ¿se termina? No vamos a decir que el amor es eterno, nada lo es porque habita en nosotros, seres finitos, seres mortales. El amor se construye, es algo a producir. Hay quien contempla el amor como una alquimia, como una magia, como algo que sin tener que ver con uno, lo invade a uno. Otra manera aparentemente más moderna de decirlo es que es una cuestión de química. Ninguna de estas teorías se sostiene en el humano que somos, donde todo ha de pasar por la palabra.
Al principio el amor es la incorporación del otro, todo el mundo se pasa por la boca, y también lo amado. Así la dupla: me lo como o lo vomito domina toda relación amorosa, y el partenaire queda mareado por nuestra efusividad o nuestro rechazo. Después, el amor es el ejercicio de un poder sobre el otro, la veta sadomasoquista aparece en escena, y el partenaire es blanco de esa agresividad, donde el goce siempre es masoquista. El sádico también goza del dolor erógeno del masoquista. Más tarde el amor se civiliza, se pasa por el tamiz de la palabra. Se renuncia a los objetos incestuosos o al propio cuerpo, hacia los que se abrigó el primer amor, se accede al otro como diferente de uno. No se lo quiere privar de su singularidad para hacerlo un idéntico a mí, no se lo tortura, no se lo cela hasta el extremo enfermizo de abandonar la propia vida para vigilar cada movimiento del otro. Pero ¿Hay muchos humanos que lleguen a conocer el amor? Lo dudo. Amar es un trabajo que muchos no están dispuestos a realizar ¿Entonces, el amor se termina o es que no fue nunca un amor humano, mortal, con Goce, con deseo, en definitiva, con palabra?
Nadie nos ha enseñado a amar de una manera humana. Pero podemos poner al lado de las frases conocidas sobre el amor, otras frases, otras palabras.

Cuadro: Las oreadas. Bouguereau

lunes, 8 de noviembre de 2010

DIEZ CONSEJOS PARA INICIAR UNA RELACIÓN CON BUEN PIE (ESTA VEZ PARA ELLAS)



Iniciar una relación amorosa. Conquistar y ser conquistado o ligar, esta última palabra es curiosa. Ligar quiere decir unir, por ejemplo oro con otros metales, también atar, y sin embargo, cuando se refiere al amor, según la RAE, se circunscribe al establecimiento de relaciones amorosas o sexuales pasajeras, muy distinto de atar o unir en aleaciones duraderas.
Quizás deberíamos optar más por el término conquistar. Conquistar y ser conquistado es el primer paso de toda relación amorosa. Vamos a analizar las dificultades que se pueden presentar para el establecimiento de las relaciones con el otro sexo, y luego a dar algunos consejos, sin muchas pretensiones, para conquistar, o para ligar, dicho más coloquialmente:
1. Quizás lo primero que debemos decir es que no hay medias naranjas esperándonos en ningún sitio, ni príncipes azules a caballo apostados en cada esquina. Las relaciones hay que hacerlas, hay que construirlas y conllevan un trabajo. Si, aunque parezca extraño, el amor es un trabajo.
2. Deseamos sujetos deseantes, no objetos deseables. Cuanto más emprendedoras, activas, comprometidas socialmente estemos, cuanto más en juego esté nuestro deseo, más deseo generaremos en el otro.
3. La imagen es importante hoy en día, pero lo es mucho más la palabra. Quien aprender a hablar, aprende con ello a seducir. ¿Cómo se aprende a hablar? Sin duda, leyendo.
4. Escuchar es un arma interesante también. Si aprendemos a escuchar al otro, se sentirá atendido. Una persona que no escucha y habla sólo de sí mismo todo el tiempo, genera rechazo.
5. ¡Cuidado con contar experiencias sexuales anteriores al hombre que estamos intentando conquistar! Hablar de más puede ser peligroso. Es muy difícil que un hombre pueda sustraerse a la idea de que el hombre que conquista a muchas mujeres “es un machote”, pero la mujer que “se deja conquistar” por muchos hombres, es una “mujer fácil” o cosas peores. Estos relatos suelen alejar a los hombres en lugar de acercarlos. Ser discreta es lo más aconsejable.
6. Las mujeres tenemos la costumbre de soltar todo sobre nosotras después de mantener una relación sexual. ¡No lo hagáis! Quizás la palabra conocer en el sentido bíblico nos incita a ello. También otras palabras utilizadas para nominar la relación sexual como “entregarse”. Mantener una relación sexual debería ser sólo por el goce de mantenerla. No es una entrega, ni es que ahora ya que el otro me conoce tan íntimamente, puedo decirle todo de mí. ¡Las parejas no están para contarles todo, todo, todo! Y menos en una relación recién iniciada.
7. Olvídate de eso de que todos los hombres son iguales, y porque me dejó el primero, ya ninguno me va a querer. No hay un hombre igual a otro. Si los eliges todos parecidos, y tus finales son siempre trágicos, lo que se repite está en ti. Consulta a un psicoanalista.
8. Ya sé que es muy moderno eso de acostarse en la primera cita, pero no es buen comienzo para establecer una relación duradera. Lamentablemente, el partenaire sexual, sobre todo la mujer, pierde interés para el hombre una vez que se ha establecido la relación sexual, si no hay además, otros lazos. Un buen consejo es que hay que hablar antes de follar. Establecer una relación antes de pasar a la intimidad de un encuentro sexual.

9. ¡No abandonéis todo por la nueva relación! Si él se enamoró de vosotras con todas las relaciones que teníais, si las abandonáis perderéis el atractivo que ejercíais sobre él.
10. ¿Te da terror el sexo opuesto? ¿Te pones a temblar cuando un hombre te mira? ¿No sabes qué hacer? ¿No sabes dónde meterte? ¿No puedes articular palabra cuando hay uno cerca? Los hombres no muerden. Si te pasa todo esto, consulta a un especialista.



Cuadro: Cupido y Psique de Boughereau

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Diez consejos para la educación de los hijos (1)




Estos consejos, como suelo decir cuando escribo en tono de consejo, no son para aplicar, son para poder pensar la educación de otra manera que aquella a la que nos tienen acostumbrados los medios de difusión y los aparatos ideológicos del Estado, después cada uno hará a su manera. Ser padre/madre es una producción, como ser hijo/a.

- A los hijos hay que dejarlos crecer, ayudarlos y molestarlos lo menos posible. Intervenir sólo cuando sea necesario. Ponerles límites allá donde les dañaría no tenerlos. Una educación que interviene constantemente sobre los niños, no es la más aconsejable. Al niño hay que decirle que no cuando está a punto de meter la mano en el enchufe, por decirlo de alguna manera.

- Cuando se pelean dos hermanos delante de la madre, se pelean por la madre, todo se resuelve indicándoles de alguna manera, en alguna frase, que la madre es la mujer del padre, no la de cualquiera de los dos hermanos, a veces basta con decir: “mamá se va a hablar por teléfono con papá”, para que se calmen.

- La indicación de no pegar a los niños, de no ejercer violencia física sobre ellos, no es por simple bondad, cuando se pega a un niño, se lo acostumbra a que goce de ello. Si se le pega en el culo, se libidiniza esa zona, se transforma en zona erógena. Al final, para él ser pegado es ser tocado, el golpe es una caricia a alta velocidad, tiene un componente erógeno importante. Si le enseñamos ese goce, buscará ese goce siempre. Provocará constantemente con sus travesuras la escena donde la madre o el padre terminan pegándole, terminan tocándole. Es mejor no fomentar este tipo de goce perverso. Y además, el castigo físico jamás consigue el objetivo que persigue: disuadir al niño de ciertos comportamientos.

- Los castigos, tanto físicos como privaciones de dinero, comida, salidas, juegos, son como un permiso para cometer el delito, por decirlo de alguna manera. El niño lo piensa así: ya me han castigado, tengo permiso para “delinquir”. En general, no son un buen método educativo.

- Es un error grave castigar a los niños interviniendo sobre sus necesidades vitales: por ejemplo, sobre la comida. Son cosas que los padres no deberían tocar. Castigar no comporta ninguna enseñanza y castigar privándole de comer, o restringiendo las comidas puede producir serias alteraciones alimentarias en el niño.

- Tendemos a toquetear a los niños, no sólo los padres, en general, casi todo el mundo lo besa, lo pellizca, lo toma en brazos, lo sube, lo baja, lo besa. El niño requiere el contacto humano, pero no hay que pasarse. Muchos de los diagnósticos de síndrome de hiperactividad inatención de los niños son por una sobreexcitación, tanta estimulación corporal lo excita, y luego está todo el día sobreexcitado, no puede parar de moverse, le es imposible concentrarse. No toqueteemos a los niños. No les exijamos caricias si ellos no quieren darlas, cuántas veces han oído decir: Paquito, dale un beso a Susana. –No quiero mamá. –Vamos dáselo, no seas malo. No insistamos, si él quiere besar a alguien, lo hará.

- Es ya antigua la discusión de si se debe mostrar el cuerpo desnudo de los padres a los niños. Si es una familia nudista, de acuerdo, es así, está dentro de una manera de pensar la vida, pero sino, el primer amor del niño son los padres, amor que está destinado a la desilusión. Los padres no pueden darle al niño el tipo de amor sexual que él solicita. El cuerpo desnudo de los padres es también una fuente de excitación enorme para el niño. Lo mismo que la madre o el padre lo sigan viendo desnudo y tocándolo para bañarlo cuando ya tiene 7 u 8 años y se puede bañar solito.

- Hablar con los niños es muy importante, pero lo más importante de todo es escucharlos. Hay que hablarles según ellos vayan demandando una conversación. Por ejemplo: darles una charla de educación sexual cuando ellos están en otra cosa, es inútil. Hay que esperar a que pregunten y entonces ser franco, utilizando los términos que él o ella han incluido en la pregunta y responderles lo más verazmente posible.

- No hay que escandalizarse por las manifestaciones de su sexualidad infantil. Muchas madres consultan aterrorizadas porque han visto a su hija besar en la boca a su compañerita de guardería a los dos años. En parte, se ha producido una alarma social cuando algunos autores han señalado erróneamente que la homosexualidad es innata, no hay nada innato en el humano, y a los dos años no se puede “salir del armario”, porque no se ha entrado aún en ningún armario. El niño necesita expresar amor y no le interesa de que sexo es aquél a quien se dirigen esas manifestaciones amorosas. Si los padres lo tomaran con naturalidad, sin escándalos, la mayoría de los niños/niñas tienden con el tiempo hacia el otro sexo.

- Es muy importante no sobrecargar a los niños con los problemas de los adultos. A veces, cuando hay graves problemas en los padres, los niños muy pequeños, entre 5 y 7 años, son “utilizados” casi de terapeutas. Se le relatan al niño los problemas que la madre tiene con su marido, con su familia, etc. Esto perturba mucho a los niños. La infancia no es una época fácil y maravillosa como parecemos querer recordar después los adultos. Cada paso es duro para el niño, hasta tener que pasar de la carnosidad del pecho de la madre, a una tetina de plástico y después a una cuchara metálica. Luego comienza a sentir su cuerpo y no sabe qué hacer con eso. La presencia de su madre le perturba, los sentimientos hostiles hacia su padre como rival por el amor de la madre, le contrarían. En fin, son muchas las circunstancias por las cuales el niño tiene que pasar y los problemas lógicos que tiene que ir resolviendo: de dónde vienen los niños, por ejemplo. Bastante complicado es todo esto para encima complicarle más con problemas del adulto.

Alejandra Menassa. Médico especialista en Medicina Interna. Psicoanalista.


Cuadro: Venus y cupido, de Corregio

sábado, 4 de septiembre de 2010

CARIÑO, NO SÉ QUÉ ME PASA CON TU MEJOR AMIGA.



Es mucho más frecuente de lo que pensamos que una relación se rompa o se complique por la intervención de un tercero que es amigo de alguno de los conyuges.

¿Por qué sucede esto tan a menudo?

Los humanos no deseamos objetos, en contra de lo que pudiera parecer, deseamos deseos. Se desea más a alguien deseante (emprendedor, apasionado en sus actividades, muy relacionado con otras personas) que a alguien deseable (es decir imaginariamente(de imagen) apetecible, con un aspecto acorde con los cánones de belleza habituales).

Y muchas veces, la mayoría, deseamos el deseo de otros. Es decir: si nuestra compañera o nuestro compañero desean a otro, nuestra mirada se dirige hacia ese objeto deseado por ellos.

Parece muy complicado. Intentamos desplegarlo. A veces hablamos de homosexualidad y heterosexualidad enfocando todo el peso en la genitalidad, en las relaciones genitales, en el acto amoroso del coito, para ser más claros. Así, vulgarmente llamamos homosexual a alguien que “se acuesta” con personas del mismo sexo, y heterosexual a alguien que “se acuesta” con personas del sexo opuesto. Pero nuestras relaciones de amistad también tienen todas un componente homosexual coartado en su fin (es decir, despojado del fin del coito), las relaciones laborales, amistosas, etc, tienen un componente sexual también, libidinal. Y así, una mujer se puede permitir, sin ser considerada homosexual decir: qué guapa esa actriz, o cómo me gusta esa mujer, que fortaleza tiene. Podemos ampliar un poco el concepto de homosexualidad y decir que todas las relaciones con el mismo sexo, haya o no implicación genital, son homosexuales en cierta manera.

El deseo se produce entre palabras, uno termina deseando aquello de lo que escucha hablar con pasión y entusiasmo, aquello por lo que se muestran deseos. Por eso es tan frecuente que él termine deseando a la mejor amiga de ella, de la que ella habla sin parar, a la que ella desea en el sentido ampliado de homosexualidad que hemos desarrollado previamente, y ella del mejor amigo de él, del que él le relata incluso detalles incluso de su vida sexual que el otro le ha contado en conversaciones entre amigos.

En realidad, si aceptáramos que en parte es nuestro deseo el que ha conducido al otro hacia la tercera persona, que algo de nuestra mirada ha señalado al otro el objeto deseado, no habría necesidad de romper la pareja, si ambos quieren seguir adelante, ni de sentirse traicionado. Al fin, el otro siguió el camino de nuestro deseo.


Cuadro: Francis Picabía. Mujeres con bulldog

jueves, 19 de agosto de 2010

DIEZ CONSEJOS PARA HACER DURAR EL AMOR EN LA PAREJA.



Es evidente que el amor es una importante fuente de autoestima y que tener cubiertos los apetitos sexuales, también disminuye las tensiones.
¿Cómo hacer que el amor dure, o cómo hacer para que para el otro sea agradable permanecer al lado de uno? Obviamente, esto no son recetas, cada pareja tiene sus pactos singulares, pero podemos aventurar algunos consejos generales:
1. Algo muy importante es tener algún proyecto en común además del amor, el amor solo no suele bastar.
2. Otra cosa fundamental es no exigir a la pareja renuncias extremas, porque donde empieza la renuncia, empieza la venganza.
3. La libertad no te la da nadie, uno se la toma, no hay que oponerse a que el otro tome su libertad, que haga sus cosas fuera de la pareja.
4. Otra cuestión es la tolerancia de las diferencias, a veces hay un afán de igualdad que termina con la pareja, o ella le quiere imponer a él o él a ella su manera de ser y de hacer.
5. Otra idea que hay que evitar es la de la pareja como paño de lágrimas. La idea falaz de que “mi marido me tiene que aguantar, porque para eso es mi marido, o mi mujer me tiene que aguantar, porque para eso es mi mujer”. Si queremos cuidar al otro y que nos dure, mejor no agobiarle demasiado con nuestros problemas constantemente. Si tenemos demasiados problemas, y necesitamos hablarlos, no usemos de terapeuta a la pareja, porque no nos resolverá los problemas y “se quemará”, consultemos a un psicoanalista.
6. Otra cosa importante es que no pase a segundo lugar el amor al compañero o compañera, (esto es más frecuente en mujeres), cuando llegan los hijos, eso no le hace bien ni a la pareja ni a los hijos.
7. Evitar involucrar a familiares en conflictos de la pareja, eso siempre empeora las cosas. Lo que se produce en la pareja, hay que intentar resolverlo en la pareja, y en todo caso con la ayuda de un psicoanalista.
8. Un error muy frecuente es centrar toda la felicidad y todas las satisfacciones en la pareja, exigirle a la pareja que sea tu amante, tu amigo, tu psicólogo, tu asesor… esa exigencia no hay quien la aguante, y así nadie da la talla. Las relaciones de ambos miembros fuera de la pareja, enriquecen la pareja.
9. La sexualidad también es importante, no hacerle al otro lo que te gusta que te hagan a ti, averiguar qué le gusta al otro. Y cuando hay algún problema: impotencia, eyaculación precoz, frigidez, no dejar de consultar a un psicoanalista. No son síntomas individuales, perjudican también a la pareja.
10. Hay que aprender a conversar. Y para conversar, hay que escuchar al otro. La conversación no es interrogar al otro sobre cada actividad que realiza, no es reprocharle todo lo que no nos gusta, es conversar, hablar, sin pretender convencer al otro, decir mi parecer, escuchar el parecer del otro. Las parejas que hablan, permanecen juntas más tiempo.

Cuadro: Marte y Venus. Alegoría del Paz. Lagreneé

EL PROBLEMA DE LOS HIJOS QUE PEGAN A LOS PADRES.

Cuadro: Amazona cayendo.


Están apareciendo en las páginas de los periódicos noticias sobre algo que llaman una nueva patología. Los hijos que maltratan a los padres. Frente a esto aconsejan denunciar a los hijos a la policía ¿No les parece que es mejor hablar que denunciar, que es más civilizada la intervención de un psicoanalista que la de la policía?

Estos chicos no son criminales innatos, como he oído decir a muchos supuestos especialistas en el tema, que hablan de predisposición genética y otras cosas imposibles de demostrar.

En el humano, todo se hace entre palabras, y como se hace, también se puede deshacer. Hablan de las familias como si no vivieran en el mundo, y en el mundo pasan cosas ¿Cómo quieren que los jóvenes acepten la Ley, cuando, por ejemplo, el partido en la oposición cuestiona a los magistrados y a la policía constantemente, mientras ellos se saltan la ley de manera perversa y consiguen con artimañas no ser castigados?

Y luego están dale que dale con los límites y la ley. Esto no se arregla con más represión, sino con más cultura. Un niño que sabe conversar, no necesita patalear, chillar, golpear. Los límites evidentemente son necesarios, pero hay que tener algo que limitar, hay que educar primero, culturizar, invitar a la lectura, a la conversación.

No se trata de buscar culpables, pero tampoco de victimizar a nadie. Cuando se llega a esa situación, todas las partes están implicadas. Padres e hijos. Hay que atender a todos los miembros de la familia.

Miguel Menassa dice en uno de sus aforismos que el respeto tiene que ver con el ejercicio de un conocimiento, no de la fuerza.

Y además, los “supuestos expertos” señalan que es la madre la “víctima” más frecuente de los malos tratos, y no tienen en cuenta cuestiones entre los hijos y las madres que funcionan inconscientemente, a veces un golpe es una caricia a alta velocidad, es una manera de tocarse, de aproximar el cuerpo al cuerpo del otro. Muchas veces la hostilidad esconde un intenso amor. Y a la madre, no conviene amarla tanto, porque si no, pasa lo que pasa. Estas cuestiones hay que analizarlas, hablarlas con un verdadero experto, con un psicoanalista.

martes, 17 de agosto de 2010

¡NO SOPORTO A MI SUEGRA!



La figura de la suegra se alza implacable como una sombra tras la que la pareja se repliega. Quizás la suegra es uno de los familiares más frecuentemente utilizados como blanco de los chistes. ¿Sabían ustedes que una de las funciones del chiste es expresar hostilidad, dar rienda suelta a nuestras pulsiones hostiles? Pues eso: que cuando hacemos muchos chistes con un personaje, de contenido irónico o burlón, estamos descargando parte de nuestro odio hacia ese personaje.

Pero esta es la paradoja: las relaciones familiares (también con la familia política) son ambivalentes siempre. Un odio exacerbado puede esconder un amor igualmente intenso. Es más, cuando un afecto es rechazado, su manera de disfrazarse puede ser su transformación en lo contrario. Así, muchas veces, cuando se experimentan deseos sexuales que escandalizan al propio sujeto que los padece, estos se transforman en hostilidad, más fácil de demostrar que el deseo.

Recordemos que el primer amor del niño fue su madre, y que la suegra cae en ese lugar de las figuras maternas, por tanto no es raro que se desplacen a ella los mismos sentimientos que se abrigaron en la infancia hacia la madre. En ocasiones el “no soporto a mi suegra” no es más que un: “no soporto los deseos prohibidos que mi suegra despierta en mí”.

La mala fama de las suegras depende más de los yernos (los que cuentan los chistes) que de ellas mismas, aunque es cierto que en ocasiones ellas ayudan, por ejemplo, cuando el narcisismo familiar las lleva a sobrevalorar a su hija y a rechazar todo aquello extraño a la familia, también al yerno. También la hija puede provocar tormentas matrimoniales, cuando antepone la figura de su madre a la de su pareja.

No obstante, tenemos que tener en cuenta que un desacuerdo entre las familias de los cónyuges expresa muy comúnmente algún desacuerdo entre los miembros de la pareja. Obviamente, son desacuerdos inconscientes, que el psicoanálisis viene a develar.


Cuadro: Cupido y Psique. La suegra de Psique (Venus), madre de Cupido, puso a Psique todos los obstáculos posibles para que evitar el amor entre su hijo y ella.

viernes, 13 de agosto de 2010

SI TÚ ME DICES VEN, LO DEJO TODO ¿Y LUEGO QUÉ?



Hay mujeres con brillantes carreras Universitarias, excelentes profesionales en su trabajo, que pierden toda su inteligencia frente al hombre amado. Cuando están en pareja, embotan sus capacidades, disminuyen su productividad, se anulan.

Freud nos advierte que no son muchas las fuentes de autoestima, y una de ellas es el amor. Cuando amamos, nuestra autoestima aumenta. Pero esa no es la única fuente. Los logros sociales y laborales son otra fuente importantísima, quizás la más importante, de autoestimación. Nos recomienda no jugar toda nuestra felicidad a una sola carta, en este caso al amor de pareja.

Tenemos que saber que las mujeres padecemos inconscientemente de un afán de ser mantenidas por un hombre. Y estamos dispuestas a someternos a una persona por amor. Es verdad que la libertad absoluta no es posible, a algo hay que someterse. Podemos decir que la única libertad humana es elegir a qué me someto. Someterse a una idea, a la cultura, a la civilización, a un pensamiento, a una disciplina científica, da una libertad con límites, que es la libertad humana. Una libertad sin límites, enferma, es la locura. Hacer “lo que a uno le da la gana”, enferma. Pero someterse a una persona, también enferma.

Estas mujeres, que padecen inconscientemente de querer ser mantenidas, se sienten feas cuando no tienen pareja, aunque sean hermosísimas, no tiene que ver con la realidad material, es una fantasía inconsciente. Cuando tienen que trabajar para producir el dinero necesario para sostener su vida, de vez en cuando las asalta la idea ¿no seré lo suficientemente bella cómo para conseguir que un hombre me mantenga? Por eso, en cuanto tienen pareja, son atrapadas por esta “fantasía de mantenida” y disminuyen escandalosamente su productividad.

El problema de muchas parejas, es que ella renunció a su vida por amor, y luego se venga sin darse cuenta, que es la mayor venganza. Ella dejó su trabajo para casarse, perdió “por él” una de sus mayores fuentes de autoestima, pero luego le hace responsable a él de esa decisión, (cuando ningún otro es responsable de nuestras propias decisiones) y en la convivencia se torna hostil y resentida. Si uno ha decidido reproducirse, hay que aprender a sumar. La producción y la reproducción. No la producción o la reproducción. Y si hay un elemento que nos enseña a sumar, es el psicoanálisis, aunque sólo sea porque ahora, además de la relación con mi marido, tengo una nueva relación con el/la psicoanalista, que nada me pedirá, excepto un poco de dinero, que siempre es poco en comparación con las ventajas que obtengo, a cambio de esa relación.


Cuadro: Eros y psique.

¿SOMOS UNA PAREJA O UN PAR TRAS LA REJA?




Hay parejas en las que se observa una extrema necesidad de control de uno de los miembros sobre el otro. Cada vez que ella falta de la casa, él la interroga hasta dejarla exhausta, o viceversa, o huele su ropa buscando un perfume distinto al suyo, o le mira los móviles y el correo, etc. Este ejercicio de control sobre el otro, llega a veces a tales extremos que aquél que quiere controlar al otro, deja trabajo, amigos, estudios, para dedicarse todo el día a vigilar a su pareja.
Más que una pareja, parecen un par tras la reja. Él o ella es la prisionera, y el otro o la otra el carcelero.
Pero tengamos en cuenta que esta situación no es grata para ninguno de los dos miembros de la pareja. El carcelero está tan preso como el prisionero, ya que tampoco se puede mover de entre las rejas. Podemos decir que los barrotes de esas rejas son una forma, una manera de pensar, una concepción de la pareja. En esa concepción, el otro me pertenece, y existe un temor a perderlo constante.
Curiosamente, hay algunos niños que nunca (o muy raramente, y solo acompañados de sus padres) salen a la calle a jugar con los amigos, permanecen todo el día en casa junto a sus padres. No confían en su amor, dudan de él, y los vigilan todo el día. Creen que si se marchan, ya no volverán. Esta fantasía infantil de abandono, puede darse también en el adulto. La confianza es un elemento fundamental de las relaciones de pareja. Estar todo el día en situación de alerta, no sólo no evita el abandono, sino que lo propicia, ya que hay muy pocas parejas que puedan tolerar sobre sí este control férreo de todos sus movimientos.
Cuando surgen estos inconvenientes, lo mejor es consultar a tiempo a un psicoanalista.

Cuadro: El rapto de Psique. Bouguereau