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viernes, 13 de agosto de 2010

¿SOMOS UNA PAREJA O UN PAR TRAS LA REJA?




Hay parejas en las que se observa una extrema necesidad de control de uno de los miembros sobre el otro. Cada vez que ella falta de la casa, él la interroga hasta dejarla exhausta, o viceversa, o huele su ropa buscando un perfume distinto al suyo, o le mira los móviles y el correo, etc. Este ejercicio de control sobre el otro, llega a veces a tales extremos que aquél que quiere controlar al otro, deja trabajo, amigos, estudios, para dedicarse todo el día a vigilar a su pareja.
Más que una pareja, parecen un par tras la reja. Él o ella es la prisionera, y el otro o la otra el carcelero.
Pero tengamos en cuenta que esta situación no es grata para ninguno de los dos miembros de la pareja. El carcelero está tan preso como el prisionero, ya que tampoco se puede mover de entre las rejas. Podemos decir que los barrotes de esas rejas son una forma, una manera de pensar, una concepción de la pareja. En esa concepción, el otro me pertenece, y existe un temor a perderlo constante.
Curiosamente, hay algunos niños que nunca (o muy raramente, y solo acompañados de sus padres) salen a la calle a jugar con los amigos, permanecen todo el día en casa junto a sus padres. No confían en su amor, dudan de él, y los vigilan todo el día. Creen que si se marchan, ya no volverán. Esta fantasía infantil de abandono, puede darse también en el adulto. La confianza es un elemento fundamental de las relaciones de pareja. Estar todo el día en situación de alerta, no sólo no evita el abandono, sino que lo propicia, ya que hay muy pocas parejas que puedan tolerar sobre sí este control férreo de todos sus movimientos.
Cuando surgen estos inconvenientes, lo mejor es consultar a tiempo a un psicoanalista.

Cuadro: El rapto de Psique. Bouguereau

miércoles, 11 de agosto de 2010

TENDEMOS A LA INFIDELIDAD MÁS QUE A LA FIDELIDAD




Nuestro primer amor, tanto para hombres como para mujeres es nuestra madre. Para poder salir de esa relación única, que es la relación con la madre, al mundo, tenemos que ser infieles a ese primer amor, de ahí que constitutivamente, tengamos tendencia a la infidelidad, que es la que nos abre las puertas el mundo: Ya no deseo sólo a mi madre, sino que deseo otras cosas fuera de mi madre, y eso me salva. El hombre tiene que aprender a sustituir a su madre por otra mujer, y la mujer debe aprender primero a sustituir a la madre por el padre y luego al padre por otros hombres.

Como tuvimos que ser infieles desde el principio a nuestros primeros amores, ambos tenemos tendencia a la infidelidad, eso no quiere decir que debamos realizar estos deseos, cada uno verá cual es la opción que elige, pero muchos de los dramas del sujeto con respecto a su relación de pareja, son por no aceptar que tiene deseos por otras personas fuera de la pareja. Aceptarlo no quiere decir necesariamente realizarlo.

Cuando él o ella son monógamos (no en el sentido de tener una sola pareja, sino de amar una sola cosa o persona, de amores únicos) quiere decir que sólo aman a su madre, mientras que si ellos aman, por ejemplo, a una mujer y a su trabajo, o a algún amigo o amiga, quiere decir que su egoísmo ha encontrado un límite en el amor a los otros y a lo otro. Lo mismo para ellas.
Tener varios amores (trabajo, amigos, hobbies) enriquece la relación de pareja.

Cuadro: La huída. Remedios Varo

lunes, 9 de agosto de 2010

¿TE HAS PREGUNTADO ALGUNA VEZ QUÉ DESTINO LE DAS AL AMOR EN TU VIDA?




Cuántas parejas se separan después de tener el primer hijo o cuando los hijos son mayores, este fragmento de psicoanálisis.com, nos puede aclarar el porqué de algunas de esas separaciones:

Fragmento del libro psicoanálisis.com, de la psicoanalista Amelia Diez Cuesta. Son sesiones de análisis, habla Jorge, el paciente:

Parece que primero hay que saber qué voy a hacer con el dinero para poder ganarlo, hay que saber qué quiero del amor para poder amar…si lo quiero para reproducirme…dura hasta que decido no tener más hijos…muchas personas se separan al poco tiempo, o dicen: voy a esperar a que crezcan un poco los hijos y me separo…¿y siempre se sabe lo que quieres del amor?, lo sé sin saberlo, lo sé de manera inconsciente, sólo veré sus efectos…si me separo cuando mis hijos han crecido, cuando no tienen esa necesidad de familia junta, porque familia siempre se tiene, “o se lleva dentro o se lleva fuera” Tal vez mi relación con Lola tuvo como fondo el pago de mi deuda con la especie…saber qué destino le doy al amor en mi vida.


Cuadro: La sirena. Waterhouse

domingo, 1 de agosto de 2010

¿PORQUÉ UNA TERAPIA DE PAREJA?

Cuadro: Atalanta e Hipómenes. Guido Reni

Otro día os contaré la historia de Atalanta e Hipómenes, sólo os diré ahora que son los leones que tiran del carro de nuestra hermosa Cibeles, Zeus los condenó a esta forma animal porque los sorprendió difrutando del amor en uno de los santuarios de Zeus.

¿QUÉ ES LA TERAPIA DE PAREJA?
El psicoanalista es alguien exterior a la pareja que además de ver los problemas con mayor objetividad, es capaz de poner en circulación frases que a veces la pareja pensó, o fantaseó o deseó, pero que no se podían poner en palabras sino con la intervención de un tercero cualificado para escuchar. A veces el terapeuta es el que pone el espacio necesario entre los miembros de la pareja, cuando el problema es de un excesivo control de uno de los miembros sobre el otro, celos patológicos, etc. La terapia es un motor generador de deseo, por eso muchas parejas que consultan por “falta de deseo” o pérdida de la atracción sexual hacia su pareja, en unas cuantas sesiones, recuperan su deseo. En todo caso la terapia de pareja es el método más eficaz para resolver los problemas que se producen en la convivencia.

¿ES EFICAZ LA TERAPIA DE PAREJA?
La terapia de pareja obtiene resultados favorables en un 80% de los casos, y el éxito llega al 100% cuando el compromiso de la pareja con su terapia es alto. Recordemos que hay parejas que vienen a que se las ayude a separarse sin odiarse, sin pelearse, porque ya se terminó el amor, y hay parejas que vienen reconciliarse, a aprender a comunicarse, a escuchar al otro, cada pareja tiene una necesidad diferente. El terapeuta no tiene más objetivo que el que la pareja desee conseguir, aunque puede llevar unas cuántas sesiones averiguar qué se desea.

¿CUÁNDO ACUDIR A TERAPIA DE PAREJA?
La mayoría de las parejas que llegan a terapia dicen una frase similar que con sus matices particulares en cada pareja, se podría resumir en: nos queremos, pero eso no basta. Y es verdad, el amor sólo no basta, por muy idealizado que tengamos el concepto de amor. Los problemas más frecuentes de consulta son: celos, desacuerdos en la manera de pensar que se hacen intolerables cuando se trata de ponerse de acuerdo en la forma de educar a los hijos, aburrimiento, pérdida del apetito sexual, problemas de comunicación (ella o él no se sienten escuchados o tienen dificultades para hablar con el otro), problemas en la percepción de la relación con el otro (ella o él no se sienten amados o deseados), envidia, problemas en la aceptación de los logros del otro (él no soporta que ella gane más dinero, o ella no tolera que él tenga más éxito social, o viceversa, etc.). Cuando estos afectos normales que acontecen con mayor o menor intensidad en toda pareja, se hacen muy frecuentes, derivan en continuas discusiones, y en preocupaciones en torno a la continuidad de la pareja, es mejor consultar antes de que a uno se le vaya de las manos.


¿MI PAREJA NO QUIERE ACUDIR A TERAPIA, PUEDO IR SOLA/O?
Si no puedes cambiar de marido, cambia de mujer. O si no puedes cambiar de mujer, cambia de marido. Es decir: si uno de los miembros de la pareja no quiere ir a terapia (cosa muy frecuente) el otro no debe dejar por ello de acudir, ya que un cambio muy pequeño en cada uno, produce un gran cambio en su manera de relacionarse con los otros. Si uno de los miembros de la pareja se psicoanaliza, eso repercutirá en la relación.

alejandramenassa@telefonica.net

martes, 27 de julio de 2010

LA SEDUCCIÓN EN LA PAREJA. DIARIO DE UN SEDUCTOR KIERKEGAARD


El diccionario de la RAE, nos dice que seducir tiene en castellano, al menos tres acepciones:

1. Engañar con arte y maña; persuadir suavemente para algo malo.

2. Atraer físicamente a alguien con el propósito de obtener de él una relación sexual.

3. Embargar o cautivar el ánimo.

Todas ellas tienen un matiz de engaño, pero también podríamos pensar que la seducción es inherente a muchos actos humanos, más allá del acto sexual. De hecho, en ocasiones el acto sexual es totalmente indiferente para el sujeto que seduce, y lo que realmente le interesa es el placer de la seducción. Es necesario seducir para el actor que quiere llevar la atención del público hacia sí, o para el maestro que quiere hacerse escuchar por sus alumnos. También es necesario como paso preliminar al acto sexual. En todos esos actos hay seducción. Una novela de Kierkegard: Diario de un seductor, nos trae un personaje cuyo único interés es seducir, hacer caer en sus redes a la presa, no para poseerla sexualmente, sino para que ella caiga irremisiblemente en las redes de su propia locura amorosa.

Un fragmento de diario de un seductor, de S. Kierkegaard:

“Parece que también en esta forma de proceder se condujo del modo absolutamente particular que le caracteriza, pues la naturaleza le había dotado de un espíritu demasiado selecto para que fuese uno de tantos seductores habituales. Con frecuencia aspiraba a algo completamente insólito; por ejemplo, a un saludo ya que el saludo era lo mejor que una dama tenía. Por medio de sus finísimas facultades intelectuales, sabía inducir a una muchacha a la tentación, ligarla a su persona incluso sin tomarla, sin desear siquiera poseerla; en el más estricto sentido de la palabra. Imagino perfectamente cómo sabía conducir a una muchacha hasta sentirse seguro de que ella iba a sacrificarlo todo por él. Y cuando lo había conseguido, cortaba de plano.”

Hay una posición patológica que se caracteriza por la seducción separada de su fin sexual habitual, la seducción no aparece aquí como preludio del coito, sino desligada de el y como un fin en sí misma. El único fin y el único placer es la seducción, pero luego e inmediatamente se produce el rechazo del objeto al cual se ha seducido. Esta seducción/rechazo es una consecuencia de una posición histérica. El/la afectado/a de histeria seduce porque su goce está en ser causa del deseo del otro, pero él/ella niega su deseo. Cuando sucede en mujeres, se suele asociar a vaginismo y/o frigidez. Esta posición puede ser transformada en psicoanálisis.



domingo, 4 de julio de 2010

EL MITO DE NARCISO Y ¿CÓMO ELEGIMOS PAREJA?


Cuadro: Eco y Narciso. John William Waterhouse.
Mito de narciso:

La versión que aportamos es de Ovidio, aunque hay otras. En la mitología griega, Narciso era un joven conocido por su gran belleza, tanto doncellas como muchachos se enamoraban de Narciso a causa de su hermosura, mas él rechazaba sus insinuaciones. Entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, que había sido condenada a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco contenta respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: «¡Ven!». Después de responder: «Ven, ven», Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que solo quedó su voz. Para castigar a Narciso, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

Hasta aquí el mito.

Si nos preguntamos ¿cómo elegimos pareja, nos sorprenderá escuchar que la elección de pareja es siempre narcisista y eso quiere decir que se elige al otro por algún rasgo suyo que nos recuerda a nosotros mismos: a lo que fuimos, a lo que somos, a lo que queremos llegar a ser, a la madre dadora: a quien me da o deja que le dé, o al padre protector, es decir, a quien me protege o deja que le proteja. En general se elige la propia imagen o bien una imagen de la madre o del padre. Se podría decir que nos amamos a nosotros mismos en el otro.
Es muy difícil amar realmente al otro en su verdadera dimensión. Traspasar los límites del amor narcisista o del amor familiar (a los padres). Tener un proyecto en común con el otro, un amor productivo.
Los hombres y las mujeres amamos de manera distinta. Es una cuestión estructural, ellos suelen elegir a quien se deja amar, según su propia imagen o según la imagen de la madre, ellas suelen elegir a quien las ama, según su propia imagen, la imagen de la madre o bien la imagen del padre. O bien todo lo contrario, que en el inconsciente es lo mismo (es decir, elegir un hombre totalmente opuesto al padre, es elegir también con respecto al padre).
La posición de objeto de la mujer con respecto al amor, donde para ella es más importante ser amada que amar, a veces la lleva a los extremos de que el primero que le dice un piropo, que la hace sentirse amada, con ese se casa, y después tiene un matrimonio desgraciado o este se deshace en seguida. Habría que puntualizar también que hay muchos hombres que aman según una forma que podríamos llamar femenina, y mujeres que aman según una forma masculina.